La armada de la Tía Isidra discurre entre soleadas curvas sobre una cuerda de largas vistas y ninguna corta, por la apretura del monte que la sostiene. Desde ella, la finca del Padre Santo se muestra tal cual es, despiadada y auténtica, salvaje, absolutamente inhumana si no fuera por el costurón del cortafuegos que la desvirga y corona.
En el puesto número 5, se te va al cielo el Padre Santo imaginando los tiempos en que la Tía Isidra, con sus greñas y bigotes, botas enterizas, y refajo y mandilón, bajaba al río con un saco vacío al hombro con el que repechaba luego, cargado de boniatos, hacia el cortijo...
Pero te despierta una ladra y vuelves pronto del cielo al cortafuegos, afinando el oído. Cruje el monte hacia ti, como buscándote... Viene, viene, viene... un derrapar de piedras que se parten, de jaras que se quiebran… El monte que se abre… Y rompe el venao… Silencio... Un mínimo trote poderoso por lo limpio, la ladra aún lejana, un tenue temblor y el tiro... instintivo, adelantado y bajo.
Desenfilado de otros puestos, por donde nadie puede verte, echas a correr tras él. Un torrente de sangre va salpicando las jaras y tus piernas. Va abriéndote el monte en su última carrera, empieza a torpear y se frena. No puede superar un apretón de madroñas espesas y allí se queda, atrancado, mirándote... Vuelves corriendo a por el cuchillo, te cruzas con un perro en la vereda ensangrentada... Al regreso, lo encuentras muerto ya y enfundas el puñal... El perro lo mece en silencio.
En cuclillas, te manchas las manos en el tiro… Y sí, fue bajo, muy bajo. Pero sabe a gloria volver, así, al puesto soleado.
Te sientas, te limpias la sangre de las piernas y pides… que se repita la historia. Y no sabes quién te hace caso y te manda otro venao más grande, casi por los mismos pasos, con más prisas, al galope, con la boca y las narices abiertas, desencajados los ojos que te buscan… ¡Virgen de la Cabeza!
Y éste sí, se queda allí… hecho un taco. Y bajas a él. Te reconoce, suspira y suspiras... Y mientras lo apuñalas, giras la cabeza hacia un leve crujido: desde la orilla del monte un corzo parado te vigila. Dejas el puñal clavado en el codillo, te descuelgas el rifle y lo metes en el visor sin otra intención, crees, que verlo bien visto... Y mientras el corzo brinca y vuela por las matas, el venado patalea… te acaricia los tobillos.
Rematas, vuelves al puesto soleado, marcas un par de números sin cobertura y llamas al puesto más alto, al número 2 de la Tía Isidra. Y allí está Fito, que lo coge y te dice que ha visto el cochino más grande de su vida y no ha podido ni apuntarlo. Reza Fito, reza como yo, a la Tía Isidra, siento que le digo.
Y no tarda en llamarte acelerado para decirte… que no sabe quién le hizo caso, que el cochino volvió zorreado y allí lo tiene a sus pies, con un tiro en el mejor sitio, debajo de la oreja. Y que suba, que suba pronto, que está solo… y necesita un abrazo.
Y tardas en subir lo justo para que disfrute esa soledad… tan esencial, tan necesaria.
No sabemos quién quiso esa magia en el Padre Santo.
Con los testigos justos, la Tía Isidra... el padre, el Fito y el espíritu santo
.
Y Pablo y a Ángel Tirado, que me regalaron su puesto y su esperanza...
Y Pablo y a Ángel Tirado, que me regalaron su puesto y su esperanza...
Espectacular la entrada as descrito la finca como tu solo sabes una finca donde puedes matar el cochino de tu vida, un cochino autentico, un cochino como el de Fito.
ResponderSuprimirSabía que tenía que darme prisa en contar mi día...pero ya es tarde. Ahora qué cuento yo? El vello de punta...
ResponderSuprimirMuchas gracias por compartir un día tan especial.
Inolvidable
¡Venga Fito! Tú sabes y puedes, mejor que yo. Desde allí arriba, es otra la perspectiva y sin embargo la misma. Serán otras tus palabras, pero disfrutaré leyéndote casi tanto como anteayer escuchando tu acelero...
SuprimirEstamos esperando tu crónica, sin censuras, sin verguenza. Esta vez no vendrá ningún cantamañanas a quejarse de tanta sangre salpicada, de la falta de hielo o vino, del sol que hacía... Si acaso solamente de lo flojos que son el Vacas y el Galán arrastrando los venaos.
Joder, que bonito Tirantes. Para mi la montería es eso... bueno miento, para mi la montería es todo, desde el primer café, los primeros saludos, el desayuno, el sorteo, el puesto, el disparo, marcar, volver a la junta, contar el lance. Todo me vuelve loco, pero, lo que de verdad me engancha, es eso... Ese crujir del monte, ese "viene, viene, viene", después, es obligación del buen montero cumplir con el lance de la mejor forma posible, pero cuando se sale el corazón es cuando la res entra al puesto. Esa es la droga.
ResponderSuprimirPdta.: Preciosa entrada, enhorabuena a ti y a Fito por los puestazos y, gracias, gracias por el pequeño homenaje.
Perdón, quise decir "desde el primer café, los primeros saludos, el primer desayuno, el segundo, el tercero, etc etc".
ResponderSuprimirTambién mesolvidó la comida, los piquislavis, las tres meriendas, etc, etc.
¡Las hambres que da la sierra!
... con refajo y mandilón, con sus greñas y bigotes..
ResponderSuprimir... el costurón del cortafuegos que la desvirga y corona.
... El perro lo mece en silencio.
No he leido cosa igual, alucinante.
Flojo yo. Que te crees que cuando tirabamos Fito y yo del primer venao no me di cuenta que ibas enganchao en la pata.
ResponderSuprimirALBERTO VACAS
Enganchao dice... si se subió encima
SuprimirSi lo vi yo tambien
SuprimirAh, se me olvidaba pedirte la oracion a La Tia Isidra, pues llevo varios años en esa armada y todavia no me ha regalado nada.
ResponderSuprimirALBERTO VACAS
A mi la oración me la enseñó mi cuñao, y Galán, que algún lío de faldas y refajos tuvieron con ella. Luego fue el más chico de los Vacas quien le robó el corazón, y el bigote. Y ahora Fito. Lo mío fue impulsivo, momentáneo, pasajero.
SuprimirJmor tenia pensado que nadie se había enterado, pero ya veo que no es asi, volveria a repertilo si me promete un cochino como el de Fito.
SuprimirEl mas chico de los Vacas-
Enhorabuena a Fito por el guarro abatido. Buenísima entrada JMOR, de esta si que me enterado..un fuerte abrazo.
ResponderSuprimir(Padre Santo 21-1-12): el relato es bueno pero no se dice lo que se mató en total: el cochino de Fito y los dos venados de JMª Ortega . Los demas ciervas y algunas cochinas.
ResponderSuprimir¿y?
SuprimirYa está aquí el mala sangre. Si estas poniendo en duda el sorteo es porque no estuviste. Transparente total.
Suprimir¿Para cuando la proxima?
ResponderSuprimirJejejeje... mala sangre, me suena a mala madre, de celda 211. Es que si no meten gresca no se quedan agusto. Seguro que el sorteo fue totalmente transparente, excepto quizá... en el puesto del Tirantes, si no, de que va a matar este dos venaos, una cierva y un zorro. Ojocorcho!!
ResponderSuprimirMuy buena entrada Jmor, a mi también se me ha ido en alguna ocasión el Santo al Padre imaginándome cómo serían aquellos tiempos de la Tía Isidra y cómo vivirían las gentes que habitaban los numerosos cortijos, ya derruídos, que se ven en la finca: La Tía Isidra, Huerto Guerrero, Los Vaqueros, Herrera...
ResponderSuprimirEnhorabuena a Fito por su excelente guarro. Muy fino se andó para hacerlo rodar.
Un comentario para Gato Encerrado. Entiendo que no viniste a la montería, más que nada porque ví que todos los allí presentes (21 puestos incluidos postores) eran Monteros. Así pués, qué te importa a ti lo que se matara, más aún no siendo esta una montería comercial, donde lo único que se pagó fueron los gastos del día. Y además, aunque ya estás enterado, matar media docena de reses entre los que estábamos, más casi otra docena de ciervas está muy, pero que muy bien. Si alguien esperaba otra cosa se confunde de finca.
Un saludo
P.D: El sorteo se hizo mediante bolas, teniendo cada uno de los monteros un número asignado en la lista. Los puestos se sortearon TODOS excepto los 3 postores, que fuimos a los últimos puestos de las armadas que colocamos. Faltó la papeleta del 4º de "la cuerda", nos dimos cuenta cuando el sorteo ya se había iniciado y se avisó que ese puesto sería para la última bola en salir (fue de los pocos puestos que no tiraron).
ResponderSuprimirRepito, Gato encerrado no asistió a la montería.
JMOR, eres un artista!
ResponderSuprimirMe gusta mucho cómo escribes, ciertamente entretenido y agradable, y sin conocerte se ve que conoces el campo, aprecias la sierra y que disfrutas trasmitiéndolo.
Una vez más enhorabuena.
A ver si me he enterado, con lo de que no asistió a la montería, quieres decir, que, no hubo gato encerrado? Pues anda, con lo que me gustan a mi los gatitos encerrados!
ResponderSuprimirLa verdad es que escribe bien, muy bien, nuestro Tirantes. El monte apenas dibuja el guión y su mente calenturienta desarrolla exóticos lances, los alegra, los colorea y los depura con las letras. Como el resuello no le llega a la camisa de tanto fumar, pretende que nos creamos que, como buen indio mestizo Apache-Arapajoe, con el cuchillo terciado en los dientes, y tras potente y viril carrera hunde la herramienta en el codillo del ya mortecino venado astifino. Al parecer, luego se vuelve al puesto con la tos quebrada para repetir carrera y esta vez hundir el hierro en otro cérvido este ya casi hecho cecina. Chorreando sangre y dispuesto a trajinarse con la albaceteña el primer gorrino que asome el bigote, se acuerda de la Chacha Isidra, y aunque es un ateo recalcitrante, le entra un calentón religioso y reza fervorosamente, pero confunde Santo con Virgen y se funde en amantísimo abrazo con Fito, que ya lo dijo el Señor : “amaos los unos sobre los otros”.
ResponderSuprimirY a todo esto el Tudesco de eriazo pensando en la “esencia de la caza”: cafés, tostadas, churros, habichuelas, gin tonic, resumiendo: comercio y bebercio .
Si señor edificante esto de las monterías. Solo falta “pasar el guante”
Comparto las citas de Eduardo B.
ResponderSuprimirOtra magistral: "Cruje el monte hacia ti, como buscándote..."
Señores, aprovechen el sentimiento y las formas, esto no se lee todos los días.
¿Edificante ha dicho alguien? Pues sí que lo es en mi humilde opinión.
Bueno, aquí no hay nadie más edificante que don Rafael Matiaces, el Teutón de Eriazo que, como en la caza, sigue proyectando todo lo que se le pone por delante, a pesar de lo que está cayendo.
ResponderSuprimirNo entremos en las tontas críticas al sorteo inmaculado del Padre Santo, como tampoco hemos entrado en las últimas que uno o dos pelagatos vienen haciendo al Grupo Miranda con un malsano interés que se ve a la legua.
No obstante, sí se agradecen los elogios y las demás críticas. Y también los celos del Cetrero, siempre abrazado por múltiples motivos no cinegéticos y nunca jamás por un lance bien rematado. Se ve que ahí le duele y habrá que tenerlo en cuenta para darle alguna vez, al menos, una animosa palmadita en la espalda tras el tercer tiro fallido.
En cuanto a la sangre, el complejo vergonzante que padecemos los cazadores nos hace a veces abusar de ella. No se sabe si aquí sobraba o no pero estaba allí, se derramó y ahí ha quedado tal cual.
"Observa ese escenario, y créetelo, porque es lo más real que vas a ver en tu puta vida", le decía hace unos días con cierta brutalidad Israel Hernández Tabernero a un ecologista, "Siente el viento en tu cara, mánchate de barro al saltar el charco, cálate hasta los huesos y tirita, de frío o de nervios, cuando te sientas solo en mitad de la nada y comprendas que tu vida depende exclusivamente de ti, que allí no hay óleos de Monet, ni policía, ni cobertura, y que maldita la falta que te hacen. Siéntete libre. Pínchate con la zarza al intentar romper el monte. Y sangra... Desafía a esa gigante todopoderosa que es la naturaleza y asume sus reglas. Vívela ("De cazador a ecologista", Editorial de Jara y Sedal del 16-1-2012).
Quienes prefieren ignorar la sangre, no verla, ni leerla, no es precisamente porque valgan, vivan y sientan más o de otro modo, es sencillamente porque han optado por vivir de espaldas a la vida, del cuento y en el cuento, despreciando la realidad, cacareando sus propios valores y sentimientos como los únicos legítimos, y seguramente aprovechando el silencio de quienes no sabemos o no nos gusta el cacareo.
A las buenas noches,
Pues tencuidado con lo de la sangre, que yo ofendí con una foto de mi blog en la que se se veia un marrano muerto, segun aquel tipo, " atodos los monteros y cazadores... de flacos favores me hablaba...
SuprimirMenos mal que cuando el mayorm habla, los pequeños se callan.
Gracias por esta aclaración, la de la sangre y demas, porque llegué a pensar que la caza era como lo de coger truchas y soltarlas, y que yo andaba equivocado.
Saludos.
Juand.
...descafeinado.
ResponderSuprimirVuelve el Doctor a aprovechar cualquier oportunidad para criticar el noble arte. No voy a entrar en explicarle de nuevo los motivos por los que pienso que lo hace, ya que lo he hecho en multitud de ocasiones, y, su cerril obsesión, no le permite ver más allá de sus lentes, sólo decirle, de cazador a ecologista, al cetrero aficionado, al perdicero de perra gorda, al monterito frustrado, que puede Montear con nosotros cuando quiera.
Para mí café sólo, para Don Ramiro...
Si señor, lo ha diccho Don Jota Ortega y Tirantes, el filosofo-escritor que no le da a tres en un burro (xq tira al monte)
ResponderSuprimirLe agradezco, al descendiente del bávaro Thürrieguel, al Germano velloso, al Gohette de la Calorina, al Tragón de despeñaperros, al pistolero de las Bedmaras, al oriundo de Los Palazuelos, al Pintahuevos de Carboneros, su gentil invitación. A pesar de todo, sé a ciencia cierta que es muy buena gente. Sin embargo, le recuerdo que mi perra está “seca como el humo”, no como el perritraco de carter bajo del abogado. Que tengo de ecologista lo que un cura católico o el Borbón de casto. ¡AH! Y sobre todo que no necesito “las palmaditas” en las espaldas de nuestro Tirantes, vallamos a que todavía porte la chaira en la mano y siga sediento de sangre. Por cierto, Abogado: cuando termines de blandir la herramienta por esas sierras, no la enfundes, que tengo dos pollos para rebanarles el pescuezo y ya que tienes práctica me haces el apaño.
ResponderSuprimir¡Genial! El de los cien nombres acaba de ser para siempre rebautizado con uno solo: El Tragón de Despeñaperros. Si formara partida con el Maquis de Valdepeñas... no habría hombre que a la sierra saliera.
SuprimirEn cuanto a las " criticas" J., te diré que La persona que cambia puede equivocarse, pero la que no cambia nunca, vive equivocada.
ResponderSuprimirY en Montería es de aplicación el cuento del:
EL CHINO Y EL ARROZ
Un hombre estaba poniendo flores en la tumba de su esposa,cuando vio a un hombre chino poniendo un plato con arroz en la tumba vecina. El hombre se dirigió al chino y le preguntó:
-'Disculpe señor, ¿de verdad cree usted que el difunto vendrá a comer el arroz?...-
-'Sí', responde el chino, 'cuando el suyo venga a oler sus flores...'
Moraleja:
Respetar las opiniones del otro, es una de las mayores virtudes que un ser humano puede tener. Las personas son diferentes, por lo tanto actúan diferente y piensan diferente.
No juzgues... solamente comprende..., y si no lo puedes comprender... OLVÍDALO .
He dicho.
Lo del chino está muy bien, pero donde se ponga lo del Tragón de Despeñaperros que se quite el arroz y las flores.
ResponderSuprimirEl maquis
No por favor las flores que noa las quite, que lo mas hermoso que he leido en toda la semana, os pasais el dia entre sangre, polvora y comida, si olvidar los cubatas esos que os tomais, y ademas no os importa volver a casa mas que con unos cuernos.
Suprimir¿donde esta ese hombre fornido que salia a cazar y volvia a casa con buen venado para todo el invierno?
Me poneis loca.
Un admiradora siempre vuestra.
Al Tirantes le ha gustado la tontera del Doctor y no hace más que insistir con el último nombre adjudicado al noble alemán. No me suplantes más, abogaucho de pleitos perdidos, mi nombre no es maquis, es MAQUI, y si me parezco al de Carboneros, es por nuestra natural belleza.
ResponderSuprimirPdta.: Ya te pillaré en los montes esos con torres pequeñas...
El Tragón de Despeñaperros ¡Genial! Algunos lo teníamos en la punta de la lengua, pero ha tenido que ser el Cetrero Pintapollos quien lo rebautice.
SuprimirSi el Cetrero ojeara
y el Tragón abatiera.
Si la víbora viera
y el alacrán oyera
no habría hombre que al campo saliera.
Que pesado macho, ya sabemos que te ha parecido ¡Genial!
ResponderSuprimirAnónimo, que es que tú no sabes lo bien que me come.
Suprimir¡Genial, sí, genial!
Invítalo a cenar y te enterarás.